¿Porqué nos aferramos a no cambiar?

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Foto: Alejandra Perez

Uno de mis intereses particulares es ¿cómo exactamente se da el cambio? En cualquier aspecto. ¿Desde dónde? ¿Desde el centro o desde las periferias? ¿Uno tiene que ser parte del Gobierno para poder cambiarlo o debe de tener movimientos periféricos que empujen el cambio desde afuera?

Algo que me queda claro es que a ninguno de nosotros nos gusta cambiar, aun y cuando sea necesario (y aun y cuando lo hacemos de manera inconsciente). Voy a escribir aquí algunas de las posibles razones por las cuales no nos gusta cambiar, y puede ser aplicado en cualquier aspecto de la vida, personal o institucional.

El cambio atenta contra todo lo que creemos correcto.

De cierta forma hemos llegado a interpretar nuestro mundo, nuestras vidas y la de los demás de cierta manera, esa interpretación nos hace actuar conforme a lo que pensamos correcto, por ejemplo: si creemos que el mundo gira alrededor del dinero, del mercado y de las transacciones entre personas y empresas, nuestra forma de actuar de manera correcta, dentro de esa lógica económica será buscar la manera de poder ser parte de esas transacciones que me lleven a un lugar adecuado o seguro. En cambio cuando atentas contra esa forma económica de pensar de alguien, la persona puede reaccionar de manera brusca o con risa, porque su lógica está dentro de ese marco económico, entonces ofrecerle otras alternativas de ver el mundo es un atentado contra lo que él es, lo que cree y cómo es su forma de accionar en el mundo. En pocas palabras, es quitarnos el piso por el cual caminamos y a nadie nos gusta eso.

 

El cambio atenta contra el poder que tenemos.

El cambio hacia algo diferente implica que lo que sabemos y en lo que nos hemos vuelto expertos ya no sea del todo válido. Si soy experto en algo, tengo cierto poder ante los demás, de cierta manera batallé para poder estar en esa posición de privilegio y decirme que eso en lo que soy experto está obsoleto, me quita de mi posición y obviamente aquí dirían los empresarios que “hay que renovarse continuamente” en lo cual estoy de acuerdo. Otras veces, no queremos que las cosas cambien porque estamos en un lugar de poder que ni siquiera nos merecemos, cualquier persona que venga a oponerse, nos resulta peligrosa. El ejemplo en los evangelios es Jesús y los maestros de la ley. Jesús atentando contra el lugar de privilegio que los fariseos tenían.

 

Porque no nos enfrentamos a situaciones diferentes. El cambio puede provenir de experiencias vividas o de un discurso escuchado. Normalmente el discurso o las palabras tardan más en impactarnos e introyectarse en nosotros como individuos o en las comunidades o grupos de personas. Si no nos salimos de lo que usualmente hacemos, si no conocemos personas diferentes, si no leemos algo diferente y no conocemos lugares distintos y solo nos quedamos en nuestro lugar de comodidad, el cual hemos disfrutado por años, puede ser difícil que se de el cambio.

Puede haber muchas más, estas son las que yo he estado meditando.

En suma: El cambio atenta contra lo que somos, contra el poder que tenemos ante los demás y contra la situación de comodidad en la cual nos encontramos.

Puede ser muy obvio este escrito, pero nunca está de más recordarlo.

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