Intocable, Borges y el Cristianismo hoy.

 

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En plena era de la tecnología e información, dónde hemos desmenuzado el genoma humano, donde tenemos robots que hacen el trabajo de mil personas juntas y donde podemos compartir en nuestros muros selfies recién capturadas en latitudes muy distantes a las nuestras, hablar de ciertos pasajes de la biblia (¿o de toda?) puede parecer para algunos ridículo (si hablar de la ridiculez de la biblia te ofendió, muy probablemente no estás dentro de esos algunos).

Adán y Eva desterrados del paraíso, Jonás dentro de un pez grande (ballena si quieren) y un Dios que vigila todo lo que hacemos, parecen ser ideas arcaicas y medievales, que nos recuerda cuando no se tenía conocimiento de cómo funciona la tierra y sus leyes que supuestamente mantienen el orden.

¿Qué tiene que ofrecer el Cristianismo hoy? ¿Es realmente necesario o acaso puede aportar algo?

Tal vez uno de los GRANDES problemas es que nos hemos deshumanizado, así es, el humano ha perdido parte importante de su esencia. Hoy las personas han dejado de ser personas, para convertirse en algo más (o en algo menos), tenemos dos opciones: o somos un mero conjunto de funciones biológicas organizadas selectivamente por medio de un proceso evolutivo (en el cual creo) o somos un mero target de los mercados productivos los cuales se desviven por entretenernos día tras día con novedades tecnológicas las cuales nos incitan a consumir y gastar en productos sin dudarlo. En suma, hemos perdido nuestra alma y todo aquello que tenga relación con ella, no importa.

Pero en la práctica es diferente. Ya sea que escuchemos a Intocable y nos recuerde a los bailes de la secundaria o leamos la narrativa poética de Borges, con cualquiera de las dos opciones anteriores podemos sentir que hay algo más, algo que nos trasciende y nos enciende un fuego en el interior que parece inconsumible. La mayoría de las veces no razonamos las canciones, las sentimos, las gritamos en el carro y si tenemos karaoke y andamos entradones, las lloramos.

Esta es una de las cosas que pueden aportar el Cristianismo hoy en día, la trascendencia, la sensación de que hay algo que nos sobrepasa y le da entereza al ser humano. El Cristianismo cree que el hombre no solo es un mero conjunto sistemático sin algún fin determinado. El Cristianismo cree que existe algo más.

Esto no es exclusivo y único del Cristianismo, existen muchas tradiciones que también lo creen así, lo cual debemos de celebrar, pero también dentro del cristianismo debemos de tener un balance.

He contado aquella vez donde el Pastor de una iglesia le dijo a un joven que por qué fumaba, que si acaso no sabía que su cuerpo era templo del espíritu santo a lo cual el vato le respondió “usted está bien gordo por que come mucho y yo no le digo nada” para el caso, es lo mismo. Este pastor nos resumió la visión que ha tenido el cristianismo moderno (que NO es la clásica) al cristianismo solo le importa el alma, el cuerpo y las necesidades “materiales” no son tan importantes, lo mismo podemos decir de los colonizadores cristianos que llegaban a las Américas, les quitaban sus tierras y sus posesiones a los nativos pero eso sí, que no se perdiera su alma, como también lo podemos decir de hoy día, predicar “la palabra” con mayor preponderancia que las necesidades físicas.

El Cristianismo clásico reconoce que toda vida es sagrada, que la tierra es sagrada y que lo que hacemos día a día, en lo pequeño, importa.

Es mi oración personal el tener un balance entre estas dos, en verlo como una unidad: alma y cuerpo, trascendencia e inmanencia, aquí y allá… y creo que debe ser también la oración de la Iglesia.

 

 

” Porque cuando tuve hambre, ustedes me dieron de comer; cuando tuve sed, me dieron de beber; cuando tuve que salir de mi país, ustedes me recibieron en su casa;  cuando no tuve ropa, ustedes me la dieron; cuando estuve enfermo, me visitaron; cuando estuve en la cárcel, ustedes fueron a verme.

Y los buenos me preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer? ¿Cuándo tuviste sed y te dimos de beber? ¿Alguna vez tuviste que salir de tu país y te recibimos en nuestra casa, o te vimos sin ropa y te dimos qué ponerte? No recordamos que hayas estado enfermo, o en la cárcel, y que te hayamos visitado.”Yo, el Rey, les diré: “Lo que ustedes hicieron para ayudar a una de las personas menos importantes de este mundo, a quienes yo considero como hermanos, es como si lo hubieran hecho para mí.”

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