Cliché #1: Si no aceptas a Jesús en tu corazón, no irás al cielo.

 
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Así estará la cosa. Esta serie de
Clichés tendrá una estructura algo metódica y sencilla que constará de 4
puntos, los cuales serán:

 

1. Exponer el Cliché a tratar.

2. Desmentir el Cliché

3. El daño que hace el Cliché

4. Lo bueno de repensar y deconstruir el Cliché

 

Cliché: Expresión
o frase que en su forma original tuvo cierto sentido o relevancia, pero con el
paso del tiempo ha perdido el sentido o relevancia original, al punto de en
algunas ocasiones llegar a ser irritantes.

 

Empecemos.

 

1. El Cliché de hoy: Si no
aceptas a Jesús en tu corazón, no irás al cielo.

 

Recuerdo una
noche que asistí a un grupo de jóvenes de una Iglesia (congregación), fue en la
época que era bien intenso y entre mas grupos de jóvenes y cultos encontrara,
mi vida era más feliz.

 

Después de
haber participado del culto, se me acerco el pastor de jóvenes. Era (o es) el
prototipo del predicador que habla pausado, imponente, dejando espacio para que
reflexiones en sus grandes revelaciones para tu vida, peinadillo para atrás y toda
la cosa.

 

—¿Ya has hecho la oración de fe?
¿Ya aceptaste a Jesús en tu corazón?——me preguntó.

—Si—— Contesté

—— ¿Pero ya hiciste la oración
verdadera? ¿Utilizaste en tu oración la sangre de Cristo? Eso es lo que asegura
la salvación.

——Creo.

Después de ese momento exacto y
palabras exactas que me hizo repetir, para esa persona, digo pastor, fui salvo.
Un salvo mas en su lista, checked.

 

Existe esta obsesión por parte de
los cristianos de llegar al punto donde el otro, haga la oración de fe,
curiosamente, un requisito que Jesús jamás pidió a sus discípulos. Su
“oración” de fe, era mas un acto, el les proponía algo diferente, “sígueme”,
decía Jesús.

 

2. Desmintiendo el Cliché.

 

Existen varios problemas con esta
concepción de la salvación y del acto de tener que “declarar con la boca” que Jesús
es el señor.

a)   
Aceptar a Jesús
se ha vuelto algo meramente racional.

Parece ser
que aceptar a Jesús, significa, repetir en tu mente que eres un pecador y que
necesitas de Dios, esto parece ser mas un acto de programación psicológica para
reprimir o aliviar la conciencia de “todo lo malo que hemos hecho”.

 

Aceptar a
Jesús se trataba de seguirlo, de vivir una vida diferente, un Reino diferente.
En el aspecto social, económico, espiritual, político. Ahora lo hemos reducido
a un acto mental y paradójicamente, casi mágico.

 

b)   
La
concepción del cielo que tenemos es equivocada.

Es normal
imaginarse el cielo como un lugar a donde ir, después de que muramos. No como
un lugar y un momento en el tiempo que puede empezar ahora, aquí en la tierra,
en este instante. Esta era la noción que tenían los judíos en la época de Jesús,
y que tenia Jesús mismo. “El Reino de Dios (de los cielos, o el cielo) esta
entre ustedes” les dijo Jesús. No les dijo “cuando se mueran, se van a ir al
cielo y todo será mejor… ah pero antes hagan esta oración de fe, si no la
hacen, ni sueñen con nada de eso.

 

3. El daño que hace este cliché.

Los clichés, los escuchamos y
repetimos tanto que se meten en nuestro ser y nos programan.

 

Los daños de este cliché son tres
(por lo menos):

 

a) Creemos que aceptar a Jesús,
no tiene nada que ver con todos los aspectos de la vida. Creemos que se trata
de una relación personal con Dios. Jesús no influye como influía en el
principio, en los aspectos sociales, económicos, políticos, personales, etc.,
de la vida.

 

b) Como lo único que importa es
llegar al cielo, muchas veces no importa lo que construimos en esta tierra. Una
tierra mas justa, con oportunidades para todos, con paz y reconciliación aquí y
ahora.

 

c)La novia no se casa con el
novio, por la herencia que pudiese recibir o solo por multiplicar sus bienes.
Nosotros de la misma manera, no seguimos a Jesús, por la recompensa del cielo,
si no por el amor que nos atrae hacia él. Una transformación completa.

 

4. Lo bueno de repensar el Cliché.

Es una fe integral. Una fe que
cautiva. Un Jesús que altera nuestra vida y nos hace ver por el prójimo, por
los que sufren y hacer algo al respecto. Es un Jesús inmiscuido en los cambios
personales y estructurales de nuestra sociedad. Un Jesús comunitario y no
individualista. Un Jesús que no puedes contener o encapsular con una oración. Un
Jesús liberador, en todos los sentidos. Un Jesús con un Reino diferente, aquí y
ahora.

 

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